3

¿Qué es la libertad?

Es una pregunta que me he hecho muchas veces. Durante mucho tiempo anhelaba «más y más libertad», pero fuese donde fuese o hiciese lo que hiciese, esa sensación parecía escaparse entre mis dedos como el humo.

A primera vista puede parecer que ser libre es hacer lo que quieres, cuando quieres. Para mí, hoy ya no tiene nada que ver con eso.

El refugio de las certezas

Como sociedad, nos separa un tremendo miedo a que nuestras ideas se vengan abajo al chocar con las de otros grupos, países o ideologías. Es muy fácil identificarse con una etiqueta y «protegerse» queriendo llevar la razón. Así, las creencias y los pensamientos se convierten en la barrera que nos distancia. Unos piensan esto y actúan de una forma; otros piensan aquello y actúan de otra.

Pero lo esencial es aquello que es intrínseco y natural en nosotros, algo que va mucho más allá de lo que alguien piense o crea.

Es muy fácil separar y perpetuar la distancia desde ahí. Igual que es facilísimo pensar en automático: tenemos unos 60.000 pensamientos diarios y más del 95% son repetitivos. Lo verdaderamente complejo es elegir salir del automatismo. Lo difícil —y lo transformador— es aceptar la diferencia, que es, al fin y al cabo, la vida misma.

Placeres instantáneos vs. presencia

A menudo nos mueve el miedo a amar y por eso rechazamos lo diferente, para que no se derrumben nuestras aparentes certezas (que, por cierto, si realmente lo fuesen, no habría necesidad de convencer a nadie ni de llevar la razón). No actuamos desde lo que nuestro ser anhela, sino impulsados por la rabia, la frustración o la búsqueda de placeres instantáneos que tapen lo que hay debajo.

Sin embargo, para encontrar el equilibrio y reconocer el punto medio, a veces es necesario explorar los extremos. La confusión llega cuando tomamos esos excesos o el «hago lo que quiero» por libertad.

Tarde o temprano llegan los giros naturales de la vida: la enfermedad, la pérdida, los conflictos internos o de relación, la muerte. En esos momentos sentimos que perdemos la libertad y nos apresuramos a buscarla fuera con más ahínco. Pero se nos evapora entre los dedos, igual que se evaporan los pensamientos.

Navegar a favor del río

Sigo descubriendo día a día qué es la libertad. Hoy mi respuesta ha evolucionado en gran medida respecto a la que tenía de niña.

Aunque haya instantes complejos, hoy sé que la libertad no tiene nada que ver con lo que ocurra fuera. La libertad para mí es estar en paz con lo que sea que suceda. Y, desde ese lugar, esté como esté, construir. Aceptar. Y volver a elegir.

En definitiva, nadar a favor del cauce del río.

2

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *